









Cuando para la realización de un proyecto cinematográfico, se convoca gente del prestigio y capacidad indiscutible de un director de la talla de Ridley Scott, un guionista reconocido como Steven Zaillian y un productor prolífico llamado Brian Grazer tendríamos que apoyar nuestro comentario bajo dos argumentos sumamente puntuales. O se intenta construir una producción cinematográfica inédita en donde se pueda revelar el perfeccionamiento más audaz del género matriz agregando como su principalísimo objetivo este complejo proyecto de cambio, sacrificando el éxito de taquilla, o sencillamente se integran un grupo de cineastas respetados, prestigiosos y teóricamente bien escogidos convocando un reparto espectacular para elaborar una propuesta viable y sumamente atractiva pero cuyo objetivo principalísimo no sea el perfeccionamiento del género, apuntando el total de su artillería, sin escatimar absolutamente restricción alguna, a la consecución de dos objetivos claros y complementarios; el primero, el logro del superávit comercial, es decir, tanto se invirtió y tanto se ganó, y segundo el buscar conseguir el reconocimiento de los premios que la industria del cine provee en diferentes niveles y festivales. American Gángster no logra desarrollar de manera alguna el perfeccionamiento del género por lo tanto es claramente una propuesta fallida que a pesar de no dejar de ser una entretenida película no le aporta nada nuevo ni especial a su género materno porque su propia historia tiene a lo largo de la totalidad de la misma un fondo y forma siempre vulnerable y predecibles que ya han sido ampliamente tratados en propuestas cinematográficas anteriores incluso con presupuestos menores, guiones menos ingeniosos pero interpretaciones más conmovedoras además de una dirección más especializada.
Ridley Scott parecería tener la misma necesidad que tuvo Scorcese en su momento, esa ciega pasión por el reconocimiento máximo en vida a un realizador de la industria cinematográfica; el irresistible y seductor “Oscar” al mejor director del año. El magnífico actor norteamericano Paul Newman dijo alguna vez, “La Academia no sabe premiar en el momento justo pero tarde o temprano te llega el reconocimiento”. Será esta vez la gran oportunidad del magistral Scott de llevarse el honor. No olvidemos que la Academia ni siquiera nominó dos de sus películas que son consideradas por todos como obras de culto en la historia del cine, nos referimos a “Alien” en 1979 y “Blade Runner” en 1982. Incluso la suerte le fue adversa hasta en tres oportunidades cuando si fue nominado; “Thelma and Louise” en 1991 donde ganó Jonathan Demme por “El silencio de los inocentes”, “Gladiador” en el 2000 donde triunfó Steven Soderbergh con “Traffic” y finalmente al año siguiente con “La caída del halcón negro” donde se llevó los honores Ron Howard por “Una mente brillante”. Sin embargo sus compañeros de labor en “American Gángster”, Denzel Washington, Rusell Crowe, Cuba Gooding Jr., el guionista Steven Zaillian por “La lista de Schindler” y el productor Brian Grazer por “Una mente brillante” han sido premiados por la Academia lo que teóricamente apuntaría a que esta vez Ridley Scott pueda finalmente ser honrado para la posteridad. Particularmente creo que lo señalado por el veterano Paul Newman se volverá a repetir en esta oportunidad ya que hemos podido apreciar en el 2007 otras propuestas más elaboradas, mejor relatadas y argumentalmente superiores a la del maestro Scott. Aunque uno nunca sabe si los votantes acreditados por la Academia representan cabalmente las verdaderas inquietudes de la mayoría de observadores y fanáticos del séptimo arte. Creo absolutamente que el maestro Sir Ridley Scott no necesita el premio de la Academia porque su espectacular obra y su aporte a la historia del cine, de la creación de géneros y del entretenimiento ya trascendieron profusamente como lo hizo la jamás premiada obra del mismísimo maestro Jorge Luís Borges en la literatura contemporánea.
Volviendo a “American Gangster”, Ridley Scott hace una aceptable realización contándonos la genuina historia del éxito individual de un personaje callejero del Harlem de los setenta, haciendo del tráfico de heroína un negocio de afro-americanos de descomunal envergadura para doblegar y sepultar a la mismísima mafia italo-judía. Hemos detallado algunos días atrás en éste mismo blog un artículo relacionado con la película por lo que la historia oficial de Frank Lucas y la de Richie Roberts su implacable perseguidor es conocida, incluso se habla del verdadero mentor de Lucas, el implacable “Bumpy” Johnson quien es tratado sin pena ni gloria en el film en una de las mayores imprudencias que puede cometer un genio del detalle como Scott. Pero ahí no está el problema. Donde podría situarse el talón de Aquiles del largometraje de Ridley Scott si tuvo en sus prodigiosas manos absolutamente todos los componentes para construir una verdadera obra maestra y colocarse al lado de F.F. Coppola y su histórico film “El Padrino”. Hagamos un breve recuento. Tenía una gran historia, auténtica e inusualmente atractiva, fue asesorado permanente por Frank Lucas y Richie Roberts verdaderos gestores de la historia en la vida real, contó con un multifacético actor como Denzel Washington, quien es considerado junto a Daniel Day-Lewis por muchos críticos como los mejores y más completos interpretes de su generación, un Rusell Crowe que es un actor consagrado y amigo de Ridley Scott , hubieron correctas interpretaciones secundarias que apoyaban a ambos protagonistas, locaciones y ambientaciones de la época excelentemente logradas, un vestuario inmejorable, una excelente dirección artística, una fotografía y una edición muy bien trabajadas, un presupuesto millonario y el más motivador de los componentes, la atenta e impaciente mirada tanto del ojo crítico como de todos los seguidores propios y ajenos. Por lo tanto, el lamentable descuido se sitúa en la construcción del guión que realiza Zaillian y que no fue todo lo consistente que se esperaba para este tipo de película por lo que va mutando con demasiados cortes y alteraciones notándose claramente a un desconcertado director verse en la obligación de acomodarlo, de ajustarlo, de literalmente rearmarlo nuevamente en forma secuencial sin pensar que este tipo de vicisitudes trastoca todo el ensamblaje previo de la trama. Lamentablemente Scott se enreda seguramente sin desearlo y no logra entender su propia argumentación observándola no como una historia real de gángsteres se tiene que enfrentar, es decir, terriblemente brutal, violentísima, plagada de tragedias unipersonales, encubrimientos a todo nivel, desalmados desenlaces, la aterradora dependencia de la droga y sus inhumanas consecuencias, lo perverso de ganar dinero sucio a costa de mentes atrofiadas e indefensas, etc. Por lo tanto, Scott no nos muestra ese esperado contenido real sino su elegante e inigualable envoltura, no va a lo profundo, a la raíz sino se queda en lo anecdótico, lo superfluo maquillándolo con gran destreza pero discreta elegancia. Lo hace casi todo demasiado previsible y no nos guarda absolutamente nada trascendente ni nos confiere un lugar privilegiado para ubicarnos emocionalmente, apasionarnos, deslumbrarnos y sorprendernos con elementos desconocidos, propios de lo indescriptible y nauseabundo que oculta ése infame mundillo. Si Ridley Scott jamás nos introduce al núcleo o meollo de la verdadera miseria humana como solo el podría hacerlo, nos lo retrata de afuera, sin dejarnos oler el excremento que se mezcla con el dolor, como es posible que el brillante Sir Ridley Scott nos demuestre que su guión era tan chato, tan efectista e inmejorable si con uno pobrísimo y literalmente mediocre como el de su film “Gladiador” logró introducirnos sublimemente en un cine de altísima calidad visual y hacer que Rusell Crowe le deba hasta hoy la mitad de su “Oscar”. Que es lo que hace entonces tangencialmente el gran Scott; nos relata la historia de un tipo bueno y uno malo pero nos lo conceptúa y narra de acuerdo a una estructura mental simplista y muy efectista; El malo, es todo un caballero, respetable, brillante y elegantemente vestido, un empresario de la delincuencia sin escrúpulo alguno pero muy humano y correctísimo en formas y maneras, dueño de valores morales y hasta cristianos no propios de los mafiosos que lo rodean y que le hacen ganar dinero, fama y posición. Nos enseña como un gangster puede ser admirablemente civilizado y poder tratar con suma pulcritud y particular tacto a una mujer casi inalcanzable que luego la convierte en su esposa, un cabal mamarracho de actuación de ésta actriz, y a una familia llena de disfuncionalidades pero con principios básicos heredados de una madre sacrificada e intachable. La interpretación y caracterización de Denzel Washington es sumamente generosa pero a veces sobreactuada y muy avisada, apegada a la búsqueda de la perfección de un personaje totalmente imperfecto e hibrido como Frank Lucas. Nunca se ve al Denzel Washington frívolo, inhumano, tramposo, inclemente, déspota y miserable ni siquiera al acorralado, derrotado y sin salida. Lucas no resulta ser un Gangster de fuste, solo logra representar su propio sueño americano y a un magnífico gerente forjado en un libro de biblioteca, dueño de un respetable negocio nunca sucio y jamás manchado con sangre, enfermedad y muerte. Mientras tanto el otro, el bueno, es un policía sencillo, mal vestido salvo cuando va ante un juez a claudicar sobre la custodia de su hijo derrotado por el imponente carácter de una mujer celosa y enamorada pero firme e intransigente, incapaz de comportarse como un padre ejemplar, odiado por sus propios compañeros de trabajo por tonto y sobretodo por correcto, pero a la misma vez increíblemente incorruptible, con los mismos códigos morales exhibidos por su rival, dedicado en cuerpo y alma a la muy previsible persecución que le encargan, mentalmente fuerte y de ideas ordenadas, muy astuto, arriesgado y conocedor sin igual del negociado callejero de las drogas. Un cazador sin miedos ni imposibles, negociando todo tipo de información que lo lleve a una posible pista. Rusell Crowe nos brinda una correctísima actuación, muy similar a la de Washington, pero que por momentos es desaprovechada. Ahí acierta Scott en el tratamiento de la trama al enfocar con lujo de detalles las historias paralelas pero superficiales y nos va preparando con demasiada anticipación para un inevitable y brutal encuentro final entre los dos pilares del film que nunca sucede ya que Roberts atrapa a Lucas saliendo de una misa de domingo al lado de su madre y esposa. Un tramo final que simplemente parece una noche de tertulia entre viejos amigos. Es como ver a dos gigantes boxeadores ensangrentados que comenzando el último y definitivo round de la última pelea de sus vidas se vayan abrazados y sonrientes a los vestuarios. Es desconcertante como Scott desaprovecha la única posibilidad de hacer un diálogo para el recuerdo. Es el implacable cazador mimetizándose con su astuta presa. Eso significa para mí tratar superficialmente y no profundamente la historia. Hay secundarios que apoyan en algunos casos muy atinadamente a los dos roles principales, por ejemplo, la muy sencilla pero soberbia actuación de la anciana que interpreta a la madre de Lucas y la implacable esposa de Roberts quien le da una paliza actoral cada vez que se encuentran. En otros casos, muy concretos, como el buen Cuba Gooding Jr, queda demostrado que ha empeñado su nivel actoral y le costará mucho esfuerzo ser el actor que vuelva a los mejores films. Por lo tanto, si el nivel de los artistas era más que correcto y todo lo demás también, en donde se enquista el contrasentido de Scott. Obviamente en el tratamiento que le da al fondo de la historia. Ojo que no es una mala dirección del maestro. Si nos concentramos en el Sir Ridley Scott que utiliza su innegable talento para proponernos un relato sensorialmente correcto, es decir, la conjunción y simetría de lo narrativo con lo visual, con lo sonoro, con la ambientación, con la fotografía, con la iluminación, la música y de su magistral técnica para el manejo de cámaras, el sincronismo que logra en el film es casi perfecto. Pero eso siempre lo ha hecho Ridley Scott. Es una marca patentada de sus anteriores realizaciones. Incluso hasta el montaje paralelo que realiza es sobresaliente. Repito, entonces porque la película no llega a calar dentro de nuestras mentes. Porqué cuando uno observa el largometraje por primera vez queda conforme pero cuando la vuelve a ver se le hace algo confusa y tediosa siendo la tercera casi un pequeño ejercicio maratónico. La respuesta es muy sencilla y seguirá siendo la misma. Scott no le puede imprimir a la trama una verdadera microcirugía de fondo, empieza con una agudeza y realismo extraordinario pero termina con escenas torpes y de poquísimo fuste. Scott cae en su propia trampa desde la escena inicial de la cinta. Voy a tratar de resumir este concepto. En el inicio de la película en un lugar oscuro y confuso Lucas está junto a su mentor, “Bumpy” Jonson, repito que fue el inspirador de Lucas y mereció mucha mayor participación actoral, observando la captura de un inmigrante latino quien vocifera insultando y amenazando de muerte a Lucas, ahí se produce un hecho sintomático con un ritmo vertiginoso y suprema violencia que debería haber marcado la trama sostenida del largometraje. “Bumpy” Johnson, representado por el genial Clarence Williams III, veterano actor de la estupenda “La leyenda del 1900”, está fumando un habano y el plano de Scott lo muestra pero no lo hace protagonista. Lucas está prendiendo también un habano con un encendedor de cigarrillos y al mismo tiempo los matones de “Bumpy” rosean gasolina sobre el supuesto violador de las normas impuestas por “Bumpy”. Denzel Washington termina de encender su puro y le arroja el encendedor prendido al torturado quemándolo vivo. Sin embargo y a pesar de una violencia insana y salvaje, saca intempestivamente su arma y descarga cuatro balazos sobre al sujeto inmigrante con una tranquilidad pasmosa e inmutable. Ahí, Scott nos convence de lo que supuestamente nos espera. Nos pide que nos involucremos y predispone ese momento para una película dotada de un ritmo beligerante y de una historia sin tapujos. Cuando concluye esa primera escena, se cambia el cuadro, retratándonos una mañana apacible en Harlem, en el día de acción de gracias y a un “Bumpy” Johnson subido a un camión regalando caritativamente pavos para la celebración del “Thanksgiving”. En ese mismo momento surge un plano corto del rostro casi inexpresivo y contradictorio de Denzel Washington. Y es aquí donde Scott nos relata el otro extremo de la trama que contrasta brutalmente con la escena de apertura pero que es sublimemente absorbida por un espectador ya impresionado por el efecto inicial. Luego prosigue con la escena del dialogo de “Bumpy” Johnson con Lucas quejándose de la llegada de las multinacionales y en donde le sobreviene un sorpresivo ataque al corazón que lo mata. Una escena que pudo ser de otra dimensión, de un calibre más integrado. Inmediatamente después se sucede el velatorio de “Bumpy” en donde asisten el gobernador, el alcalde, el jefe de policía, dos de los mafiosos más importantes de Nueva York, uno es el abominable Nicky Barnes, el otro parece ser su rival Dominic Cahano. Acá Scott ya empieza a desconcertarnos con una escena demasiado conocida e innecesaria. Incluso hay otra escena inmediatamente después que sí está bien trabajada. En el mismo velatorio Lucas luce un rostro totalmente desencajado y apesadumbrado. Sin embargo, observa que uno de los mafiosos concurrentes esta manchando con agua un fino mueble con un vaso con Whisky en las rocas. Lucas se acerca por motus propio y seca el residual de agua colocando un portavasos. El mafioso se sorprende y aprovecha el gesto para pedirle un encendedor a Lucas como si se tratase de un mayordomo o gente del servicio. Pero vuelve a caer con lo de Roberts que también es patético en los primeros minutos. Lo retrata como un policía desordenado, incorruptible pero un gran negociador. Atrapa a un soplón amigo suyo y en vez de detenerlo le canjea información sobre el supuesto administrador contable de un narco importante. No detiene ni al contable ni al narco pero obtiene una bolsa con 850,000 dólares en billetes que le sustraen al contable de su automóvil que bien pudo ser su jubilación anticipada. Pero Roberts lleva el dinero a la Jefatura de policía en donde lo registra y entrega a los almacenes de la dependencia. Todo esto que les he relatado acontece en los 10 primeros minutos del film. Y que sucede en los otros 138 minutos. Simplemente escenas muy buenas, regulares y muy malas, que guardan armonía con lo superfluo pero no con lo trascendente y profundo, propias de una película de Gángsteres con seres abyectos, sórdidos y miserables y su contraparte, policías honestos, incorruptibles, del otro lado del charco y tratándolos de atrapar. Pienso que Ridley Scott fracasó en brindarnos una obra de arte. Quizás debió imponerse y ser él la estrella de la película y no dejar que tanto Crowe como Washington se llevaran el protagonismo. Allí se hundió el proyecto, consagró un intento fallido y no se llegó a perfeccionar el género aunque pueda que exista superávit comercial. Resultado final. Una entretenida película con dos enormes y mágicos actores pero que aún así me dejan un insalubre desencanto y congeladas expectativas. Improbable pensar en Oscars y demás. Será para la próxima.
PEPE DERTEANO
Ridley Scott parecería tener la misma necesidad que tuvo Scorcese en su momento, esa ciega pasión por el reconocimiento máximo en vida a un realizador de la industria cinematográfica; el irresistible y seductor “Oscar” al mejor director del año. El magnífico actor norteamericano Paul Newman dijo alguna vez, “La Academia no sabe premiar en el momento justo pero tarde o temprano te llega el reconocimiento”. Será esta vez la gran oportunidad del magistral Scott de llevarse el honor. No olvidemos que la Academia ni siquiera nominó dos de sus películas que son consideradas por todos como obras de culto en la historia del cine, nos referimos a “Alien” en 1979 y “Blade Runner” en 1982. Incluso la suerte le fue adversa hasta en tres oportunidades cuando si fue nominado; “Thelma and Louise” en 1991 donde ganó Jonathan Demme por “El silencio de los inocentes”, “Gladiador” en el 2000 donde triunfó Steven Soderbergh con “Traffic” y finalmente al año siguiente con “La caída del halcón negro” donde se llevó los honores Ron Howard por “Una mente brillante”. Sin embargo sus compañeros de labor en “American Gángster”, Denzel Washington, Rusell Crowe, Cuba Gooding Jr., el guionista Steven Zaillian por “La lista de Schindler” y el productor Brian Grazer por “Una mente brillante” han sido premiados por la Academia lo que teóricamente apuntaría a que esta vez Ridley Scott pueda finalmente ser honrado para la posteridad. Particularmente creo que lo señalado por el veterano Paul Newman se volverá a repetir en esta oportunidad ya que hemos podido apreciar en el 2007 otras propuestas más elaboradas, mejor relatadas y argumentalmente superiores a la del maestro Scott. Aunque uno nunca sabe si los votantes acreditados por la Academia representan cabalmente las verdaderas inquietudes de la mayoría de observadores y fanáticos del séptimo arte. Creo absolutamente que el maestro Sir Ridley Scott no necesita el premio de la Academia porque su espectacular obra y su aporte a la historia del cine, de la creación de géneros y del entretenimiento ya trascendieron profusamente como lo hizo la jamás premiada obra del mismísimo maestro Jorge Luís Borges en la literatura contemporánea.
Volviendo a “American Gangster”, Ridley Scott hace una aceptable realización contándonos la genuina historia del éxito individual de un personaje callejero del Harlem de los setenta, haciendo del tráfico de heroína un negocio de afro-americanos de descomunal envergadura para doblegar y sepultar a la mismísima mafia italo-judía. Hemos detallado algunos días atrás en éste mismo blog un artículo relacionado con la película por lo que la historia oficial de Frank Lucas y la de Richie Roberts su implacable perseguidor es conocida, incluso se habla del verdadero mentor de Lucas, el implacable “Bumpy” Johnson quien es tratado sin pena ni gloria en el film en una de las mayores imprudencias que puede cometer un genio del detalle como Scott. Pero ahí no está el problema. Donde podría situarse el talón de Aquiles del largometraje de Ridley Scott si tuvo en sus prodigiosas manos absolutamente todos los componentes para construir una verdadera obra maestra y colocarse al lado de F.F. Coppola y su histórico film “El Padrino”. Hagamos un breve recuento. Tenía una gran historia, auténtica e inusualmente atractiva, fue asesorado permanente por Frank Lucas y Richie Roberts verdaderos gestores de la historia en la vida real, contó con un multifacético actor como Denzel Washington, quien es considerado junto a Daniel Day-Lewis por muchos críticos como los mejores y más completos interpretes de su generación, un Rusell Crowe que es un actor consagrado y amigo de Ridley Scott , hubieron correctas interpretaciones secundarias que apoyaban a ambos protagonistas, locaciones y ambientaciones de la época excelentemente logradas, un vestuario inmejorable, una excelente dirección artística, una fotografía y una edición muy bien trabajadas, un presupuesto millonario y el más motivador de los componentes, la atenta e impaciente mirada tanto del ojo crítico como de todos los seguidores propios y ajenos. Por lo tanto, el lamentable descuido se sitúa en la construcción del guión que realiza Zaillian y que no fue todo lo consistente que se esperaba para este tipo de película por lo que va mutando con demasiados cortes y alteraciones notándose claramente a un desconcertado director verse en la obligación de acomodarlo, de ajustarlo, de literalmente rearmarlo nuevamente en forma secuencial sin pensar que este tipo de vicisitudes trastoca todo el ensamblaje previo de la trama. Lamentablemente Scott se enreda seguramente sin desearlo y no logra entender su propia argumentación observándola no como una historia real de gángsteres se tiene que enfrentar, es decir, terriblemente brutal, violentísima, plagada de tragedias unipersonales, encubrimientos a todo nivel, desalmados desenlaces, la aterradora dependencia de la droga y sus inhumanas consecuencias, lo perverso de ganar dinero sucio a costa de mentes atrofiadas e indefensas, etc. Por lo tanto, Scott no nos muestra ese esperado contenido real sino su elegante e inigualable envoltura, no va a lo profundo, a la raíz sino se queda en lo anecdótico, lo superfluo maquillándolo con gran destreza pero discreta elegancia. Lo hace casi todo demasiado previsible y no nos guarda absolutamente nada trascendente ni nos confiere un lugar privilegiado para ubicarnos emocionalmente, apasionarnos, deslumbrarnos y sorprendernos con elementos desconocidos, propios de lo indescriptible y nauseabundo que oculta ése infame mundillo. Si Ridley Scott jamás nos introduce al núcleo o meollo de la verdadera miseria humana como solo el podría hacerlo, nos lo retrata de afuera, sin dejarnos oler el excremento que se mezcla con el dolor, como es posible que el brillante Sir Ridley Scott nos demuestre que su guión era tan chato, tan efectista e inmejorable si con uno pobrísimo y literalmente mediocre como el de su film “Gladiador” logró introducirnos sublimemente en un cine de altísima calidad visual y hacer que Rusell Crowe le deba hasta hoy la mitad de su “Oscar”. Que es lo que hace entonces tangencialmente el gran Scott; nos relata la historia de un tipo bueno y uno malo pero nos lo conceptúa y narra de acuerdo a una estructura mental simplista y muy efectista; El malo, es todo un caballero, respetable, brillante y elegantemente vestido, un empresario de la delincuencia sin escrúpulo alguno pero muy humano y correctísimo en formas y maneras, dueño de valores morales y hasta cristianos no propios de los mafiosos que lo rodean y que le hacen ganar dinero, fama y posición. Nos enseña como un gangster puede ser admirablemente civilizado y poder tratar con suma pulcritud y particular tacto a una mujer casi inalcanzable que luego la convierte en su esposa, un cabal mamarracho de actuación de ésta actriz, y a una familia llena de disfuncionalidades pero con principios básicos heredados de una madre sacrificada e intachable. La interpretación y caracterización de Denzel Washington es sumamente generosa pero a veces sobreactuada y muy avisada, apegada a la búsqueda de la perfección de un personaje totalmente imperfecto e hibrido como Frank Lucas. Nunca se ve al Denzel Washington frívolo, inhumano, tramposo, inclemente, déspota y miserable ni siquiera al acorralado, derrotado y sin salida. Lucas no resulta ser un Gangster de fuste, solo logra representar su propio sueño americano y a un magnífico gerente forjado en un libro de biblioteca, dueño de un respetable negocio nunca sucio y jamás manchado con sangre, enfermedad y muerte. Mientras tanto el otro, el bueno, es un policía sencillo, mal vestido salvo cuando va ante un juez a claudicar sobre la custodia de su hijo derrotado por el imponente carácter de una mujer celosa y enamorada pero firme e intransigente, incapaz de comportarse como un padre ejemplar, odiado por sus propios compañeros de trabajo por tonto y sobretodo por correcto, pero a la misma vez increíblemente incorruptible, con los mismos códigos morales exhibidos por su rival, dedicado en cuerpo y alma a la muy previsible persecución que le encargan, mentalmente fuerte y de ideas ordenadas, muy astuto, arriesgado y conocedor sin igual del negociado callejero de las drogas. Un cazador sin miedos ni imposibles, negociando todo tipo de información que lo lleve a una posible pista. Rusell Crowe nos brinda una correctísima actuación, muy similar a la de Washington, pero que por momentos es desaprovechada. Ahí acierta Scott en el tratamiento de la trama al enfocar con lujo de detalles las historias paralelas pero superficiales y nos va preparando con demasiada anticipación para un inevitable y brutal encuentro final entre los dos pilares del film que nunca sucede ya que Roberts atrapa a Lucas saliendo de una misa de domingo al lado de su madre y esposa. Un tramo final que simplemente parece una noche de tertulia entre viejos amigos. Es como ver a dos gigantes boxeadores ensangrentados que comenzando el último y definitivo round de la última pelea de sus vidas se vayan abrazados y sonrientes a los vestuarios. Es desconcertante como Scott desaprovecha la única posibilidad de hacer un diálogo para el recuerdo. Es el implacable cazador mimetizándose con su astuta presa. Eso significa para mí tratar superficialmente y no profundamente la historia. Hay secundarios que apoyan en algunos casos muy atinadamente a los dos roles principales, por ejemplo, la muy sencilla pero soberbia actuación de la anciana que interpreta a la madre de Lucas y la implacable esposa de Roberts quien le da una paliza actoral cada vez que se encuentran. En otros casos, muy concretos, como el buen Cuba Gooding Jr, queda demostrado que ha empeñado su nivel actoral y le costará mucho esfuerzo ser el actor que vuelva a los mejores films. Por lo tanto, si el nivel de los artistas era más que correcto y todo lo demás también, en donde se enquista el contrasentido de Scott. Obviamente en el tratamiento que le da al fondo de la historia. Ojo que no es una mala dirección del maestro. Si nos concentramos en el Sir Ridley Scott que utiliza su innegable talento para proponernos un relato sensorialmente correcto, es decir, la conjunción y simetría de lo narrativo con lo visual, con lo sonoro, con la ambientación, con la fotografía, con la iluminación, la música y de su magistral técnica para el manejo de cámaras, el sincronismo que logra en el film es casi perfecto. Pero eso siempre lo ha hecho Ridley Scott. Es una marca patentada de sus anteriores realizaciones. Incluso hasta el montaje paralelo que realiza es sobresaliente. Repito, entonces porque la película no llega a calar dentro de nuestras mentes. Porqué cuando uno observa el largometraje por primera vez queda conforme pero cuando la vuelve a ver se le hace algo confusa y tediosa siendo la tercera casi un pequeño ejercicio maratónico. La respuesta es muy sencilla y seguirá siendo la misma. Scott no le puede imprimir a la trama una verdadera microcirugía de fondo, empieza con una agudeza y realismo extraordinario pero termina con escenas torpes y de poquísimo fuste. Scott cae en su propia trampa desde la escena inicial de la cinta. Voy a tratar de resumir este concepto. En el inicio de la película en un lugar oscuro y confuso Lucas está junto a su mentor, “Bumpy” Jonson, repito que fue el inspirador de Lucas y mereció mucha mayor participación actoral, observando la captura de un inmigrante latino quien vocifera insultando y amenazando de muerte a Lucas, ahí se produce un hecho sintomático con un ritmo vertiginoso y suprema violencia que debería haber marcado la trama sostenida del largometraje. “Bumpy” Johnson, representado por el genial Clarence Williams III, veterano actor de la estupenda “La leyenda del 1900”, está fumando un habano y el plano de Scott lo muestra pero no lo hace protagonista. Lucas está prendiendo también un habano con un encendedor de cigarrillos y al mismo tiempo los matones de “Bumpy” rosean gasolina sobre el supuesto violador de las normas impuestas por “Bumpy”. Denzel Washington termina de encender su puro y le arroja el encendedor prendido al torturado quemándolo vivo. Sin embargo y a pesar de una violencia insana y salvaje, saca intempestivamente su arma y descarga cuatro balazos sobre al sujeto inmigrante con una tranquilidad pasmosa e inmutable. Ahí, Scott nos convence de lo que supuestamente nos espera. Nos pide que nos involucremos y predispone ese momento para una película dotada de un ritmo beligerante y de una historia sin tapujos. Cuando concluye esa primera escena, se cambia el cuadro, retratándonos una mañana apacible en Harlem, en el día de acción de gracias y a un “Bumpy” Johnson subido a un camión regalando caritativamente pavos para la celebración del “Thanksgiving”. En ese mismo momento surge un plano corto del rostro casi inexpresivo y contradictorio de Denzel Washington. Y es aquí donde Scott nos relata el otro extremo de la trama que contrasta brutalmente con la escena de apertura pero que es sublimemente absorbida por un espectador ya impresionado por el efecto inicial. Luego prosigue con la escena del dialogo de “Bumpy” Johnson con Lucas quejándose de la llegada de las multinacionales y en donde le sobreviene un sorpresivo ataque al corazón que lo mata. Una escena que pudo ser de otra dimensión, de un calibre más integrado. Inmediatamente después se sucede el velatorio de “Bumpy” en donde asisten el gobernador, el alcalde, el jefe de policía, dos de los mafiosos más importantes de Nueva York, uno es el abominable Nicky Barnes, el otro parece ser su rival Dominic Cahano. Acá Scott ya empieza a desconcertarnos con una escena demasiado conocida e innecesaria. Incluso hay otra escena inmediatamente después que sí está bien trabajada. En el mismo velatorio Lucas luce un rostro totalmente desencajado y apesadumbrado. Sin embargo, observa que uno de los mafiosos concurrentes esta manchando con agua un fino mueble con un vaso con Whisky en las rocas. Lucas se acerca por motus propio y seca el residual de agua colocando un portavasos. El mafioso se sorprende y aprovecha el gesto para pedirle un encendedor a Lucas como si se tratase de un mayordomo o gente del servicio. Pero vuelve a caer con lo de Roberts que también es patético en los primeros minutos. Lo retrata como un policía desordenado, incorruptible pero un gran negociador. Atrapa a un soplón amigo suyo y en vez de detenerlo le canjea información sobre el supuesto administrador contable de un narco importante. No detiene ni al contable ni al narco pero obtiene una bolsa con 850,000 dólares en billetes que le sustraen al contable de su automóvil que bien pudo ser su jubilación anticipada. Pero Roberts lleva el dinero a la Jefatura de policía en donde lo registra y entrega a los almacenes de la dependencia. Todo esto que les he relatado acontece en los 10 primeros minutos del film. Y que sucede en los otros 138 minutos. Simplemente escenas muy buenas, regulares y muy malas, que guardan armonía con lo superfluo pero no con lo trascendente y profundo, propias de una película de Gángsteres con seres abyectos, sórdidos y miserables y su contraparte, policías honestos, incorruptibles, del otro lado del charco y tratándolos de atrapar. Pienso que Ridley Scott fracasó en brindarnos una obra de arte. Quizás debió imponerse y ser él la estrella de la película y no dejar que tanto Crowe como Washington se llevaran el protagonismo. Allí se hundió el proyecto, consagró un intento fallido y no se llegó a perfeccionar el género aunque pueda que exista superávit comercial. Resultado final. Una entretenida película con dos enormes y mágicos actores pero que aún así me dejan un insalubre desencanto y congeladas expectativas. Improbable pensar en Oscars y demás. Será para la próxima.
PEPE DERTEANO


























































